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Lo humano de los derechos y lo que de ellos nos toca
Por:  / 6 enero, 2017
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José Carlos Moreno/ jcmoreno3_0

Existir significa en su raíz “salir de sí mismo”, y salir, vale la redundancia, hacia afuera de uno, significa hasta cierto punto olvidarse de uno porque somos seres limitados en cuanto a la atención que somos capaces de poner a uno, dos, o tres asuntos al mismo tiempo. Olvidarse de uno es el requisito para ver a otros, ya que el sentido ese olvido, es decir su propósito, es dar espacio para el recuerdo del otro; existir es estar, de una u otra manera, para el otro, para uno otro, u otros, seres humanos, de una u otra manera. Y así se forja la comunidad.

Existir es entonces la quintaesencia de los derechos humanos: acordarse del otro es reconocerlo, reconocerlo es percibir su valía, o sea su dignidad, motivo principal de los derechos humanos. Como una serie de principios enunciativos de la dignidad humana los derechos humanos nos convocan ampliamente a existir, nos invitan a forjar comunidades, a crear lazos en lugares comunes para que la práctica de existir prevalezca.

Con el mundo como se ha venido presentando desde la última década y media, oír hablar de derechos humanos en todos los medios de comunicación se ha vuelto más y más común para los pueblos del mundo. Es posible escuchar una cacofonía al respecto desde hace tiempo, y las palabras que se repiten mucho poco a poco pierden sentido, pierden significante, las palabras que se usan como eufemismos y que hacen referencia a algo que no son, pierden por completo su contenido y su propia semiótica. Está siendo este el caso de los derechos humanos.

Es entonces que se vuelve válido criticar al discurso de los derechos humanos, cuando este no significa nada para un migrante centroamericano reclutado a la fuerza por grupos criminales que trabajan en coordinación con las policías locales, cuando no significa nada para una mujer indígena violada por un soldado de manera rutinaria, o para una mujer negada por su propio estado luego de morir, cuando no significa nada para un estudiante rural desaparecido o asesinado por sus propias autoridades.

Los derechos humanos no significan nada para las poblaciones saqueadas y explotadas de los sures del mundo, no significan nada para las poblaciones alienadas, exterminadas, segmentadas, perseguidas, esclavizadas, deshumanizadas por este o aquél orden de poder en turno, en cualquier y casi que en todas las partes del mundo que habitamos.

Tampoco significa nada cuando lo usa un periodista que confundió su necesidad de propósito en la vida con su hambre de poder, o de placer, habla de él con una pluma favorecida por el mismo orden que le oprime, ni cuando una universidad que se viste de derechos humanos se baña en lo empresarial, o cuando un elegido de voluntad popular se convierte en seleccionado de interés individual.

Los derechos humanos no sirven para quien quiere hacer carrera profesional y consagrarse en la vitrina de los adorados salvadores(as), no sirven pues para el oportunismo advenedizo que mora en los seres más mezquinos y faltos de ética. Los derechos humanos son, ese sentido, acaso una herramienta discursiva y vinculante para quienes existen en comunidad para quienes reconocen a los otros seres y luchan por el espacio común y lo valioso del ejercicio de vivir, para sostener el indefinible ejercicio de existir entre la pequeñez de lo propio y la grandeza de lo que nos une.

Por más que se afanen a usarlo, el discurso de los derechos humanos no es el del político, no es del “sicario” gobernante del que canta Serrat, aquél que enarbola su propia inutilidad, cinismo, y malicia en discursos vacuos. La palabra de los derechos humanos no les pertenece. Esta palabra pertenece al ser que la entiende, y no en un nivel intelectual, si no, justamente, en un nivel existencial; le pertenece al que vive la palabra. Quienes viven en reconocimiento de otros, hablan sin palabras el discurso de los derechos humanos.

José Saramago hacía una crítica que me parece irónica a los derechos humanos al apuntar que eran necesarios unos “deberes humanos”. Pienso que era irónica por que un hombre con su lucidez seguro entendía que la farsa en la que caen los derechos humanos frente a millones ojos se debe al abuso de su discurso, a su inconsistencia general frente a las constantes y crecientes atrocidades en el mundo.

Pero los derechos humanos ya conllevan la dimensión de la responsabilidad -de la habilidad para responder- de manera intrínseca. Responder a la existencia es responder al deber más inmediato que nos comanda nuestra propia naturaleza: mirar y hacernos cargo del otro de una u otra manera, hacer comunidad, porque sin ella no somos, no ella no vale la pena solo “ser”.

Lo humano en los derechos no es enaltecerlos como un discurso vacío, es lo que ocurre -indescriptible en palabras- al interiorizarlos como un recordatorio de lo más íntimo que nos hace ser, precisamente, humanos. Vivir esto en cualquiera que sea la propia actividad es protegerlos, es procurarlos, es lucharlos. Es hacerlos propios.

Apropiarnos de los derechos humanos de esta manera se hace cada día más urgente, bajarlos a nuestra vida cotidiana de alguna manera y dejarnos impulsar por ellos hacía involucrarnos en esferas sociales y políticas, se vuelve necesario cuando hemos sido rebasados por un interés económico que cada día despoja más y más, que cada día busca transforma la esencia misma del existir hacía un mundo frío y carente de empatía, extraído de todo orden de comunidad; un mundo privatizado y aislado en sí mismo, un lugar en dónde no cabe la gran mayoría, donde no vale la pena vivir.

Creo que las intensas crisis que azotan nuestro mundo y nuestra nación, son un claro y rotundo llamado a despertar, una pregunta ya ineludible por parte del universo que habitamos hacia la raza humana como habitante de un planeta, y es entonces sobre todo una oportunidad única e histórica de corregir el rumbo, de hacernos más independientes de nuestras propios defectos y neurosis como sociedad, estando en la era del Muro y del Brexit, de Peña y de Macri, podemos corregir el rumbo hacia la auto sustentabilidad, la empatía, la construcción de paz. Hacia los Derechos Humanos.

Feliz y responsable existir en éste 2017.

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